miércoles, 29 de abril de 2015

Nunca te entregues ni te apartes junto al camino nunca digas no puedo más y aquí me quedo.


Sábado 7 de Mayo de 2016 (Luarca-La Caridad) 29´3 Km.


Se llama de apellido Sordo y me comenta que cuando le preguntaban a su padre si su hijo era “sordo” él contestaba – desde que nació.

Ayer tarde tuve la ocasión de hablar con él y esta mañana coincidimos en la salida del Albergue, Sordo es gallego (tendrá mi edad) y por el poco trato compartido se ve buena persona, hacemos un tramo de la etapa juntos, durante una hora tenemos un poco de lluvia, llegando a Villapedre él continua la marcha mientras yo decido parar en un bar del camino (lleva otro ritmo, mas rápido… y yo, tengo claro que no quiero correr).
Encuentro un grupo de portuguesas y un portugués (madre-hija, dos compañeras y un compañero de trabajo) parecen agotadas pero tiran a “trancas y barrancas” la madre de Anabela me cuenta que su hija es campeona de bicicleta en Portugal, realmente es la única que tiene un cuerpo “fibrado” y la más habladora y simpática. Vamos juntos hasta llegar a Navia donde ellos siguen y yo hago una parada y aprovecho para comerme unas frutas en un parque (de Campoamor) junto al rio. Al salir del parque encuentro a dos franceses (Carmelo y Charly) que están comiendo, al pasar les hago un gesto como diciendo que voy “escocido” y… se parten de risa.
Estando en el parque me entero que Navia es la ciudad donde nació en 1817 el poeta del Realismo “Campoamor”. Realmente (como de tantos otros) no he leído ninguna de sus obras, quizás ahora me decida a darles un repaso.

Atravieso por el puente el rio Navia, y continuo el camino hasta llegar a Caridad, en el Albergue encuentro a Sordo y Hugo, más tarde como una hora llegan las portuguesas.
El hospitalero (Antonio) es todo un personaje, siempre esta de cachondeo, no se toma nada en serio (por lo hablado con otros, y según mi opinión, todo es una coraza, una manera de evadir la vida dura que posiblemente ha tenido… y tiene. También una manera de vivir, aludiendo complicaciones). Sordo ya lo conocía de otro Albergue y ya era de este talante. Duerme en una pequeña tienda de campaña que tiene plantada al lado y dice que por la mañana es una delicia que te despierten los pajarillos. Con él está Pedro (que ya me encontraré más adelante) igual que Antonio con una cerveza en la mano, es observador, apenas habla y da la sensación que está en su elemento, disfrutando de las ocurrencias de unos y otros. Me comentan que lleva dos días por este lugar y lo primero que se me ocurre pensar es que es otro indigente que vive a golpe de suerte, (el “problema” resultó ser físico, por lo duro del camino).
Antonio me pregunta de dónde soy, yo le digo que de Sevilla. Le pregunto a él y me dice que es de Cádiz. -En Cádiz hay muchos “mariquitas”  - ¡¡Sí!! ¡Todos los Sevillanos que viven allí!. (Se pasaba las horas diciendo tonterías).
Todas las camas estaban ocupadas menos las de arriba, por problemas de hernia discal me es difícil subir, así que con permiso de Antonio puse un colchón en el suelo y allí pase la noche de la mejor manera posible.

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